Pequeñas ideas haciendo vaivén en mi cabeza.
Loxer:
Loxers, criaturas hechas de agua con el poder de matarte con solo un toque. Indestructibles. En la capital de Astrad vivía Adeline; la única humana capaz de matarlos.
Nadie nunca la había visto nunca hacerlo, y muchos decían que eran simples habladurías, pero luego estaba yo, que la había visto una y otra vez asesinar a uno tras otro de mis guerreros. Yo era Rag; líder de los loxers, su creador y único señor, y no había un futuro más cruel que el que había preparado para mi amada Adeline, con quien compartí la debilidad tras mi perfecta y sangrienta creación.
Había algo que solo nosotros dos sabíamos y compartíamos; los loxers podían morir. Y cometí el fallo de decirle cómo.
"Enamorarse", le dije. Ella se fue, y uno por uno los fue deshaciendo. Pero ella estaba haciendo justo lo que yo quería. Los estaba destruyendo pero, al mismo tiempo; estaba dando algo más valioso que la vida a cambio. Adeline estaba regalándome su esencia.
Ella no lo sabía pero se iba a transformar en un loxer, sin conciencia ni sentido de existencia ¡Iba a ser mi esclava!
¡Y era todo su culpa!
Ah, pero ella pagaría. Pagaría por haber destruido Darr. Un mundo entero destruido por Adeline. Mi mundo.
Pagaría, de seguro que sí.
Y no había un gozo más grande que ver el sufrimiento en su dulce rostro tras descubrir la evanescencia. Se arrepentiría de haber ignorado al único y gran Rag. Su esencia sería el costo de su error, para mí, el cazador de almas.
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